... no buscará lo legal, sin lo justo... (Rafael Barret)



porque a mi entender, la justicia nunca ha estado en los tribunales

Porque la justicia, como muchas otras cosas, no es más que una idea abstracta que espera concretizarse en el accionar de los oprimidos

Porque la justicia le toca a quien la busca y a quien la piensa, y a quien la nombra

La justicia no es letra muerta, es un accionar cotidiano que busca justamente, descentralizar el poder

Porque la justicia no la construyen los dioses ni los reyes déspotas (mal llamados “gobernantes” o “poderes del estado” en las democracias occidentales modernas), no viene de arriba, sino de abajo

Porque es un error pensar que solo la conocen... los abogados (¿?)

Porque la idea de justicia ha cambiando con el tiempo, con las luchas, con los aprendizajes

Por esa y otras razones, este blog.

Con ganas de preguntarnos y re pensar, a partir de las ciencias sociales, noticias, comentarios, ensayos y demás, la siempre presente idea de la justicia

lunes, 3 de febrero de 2014

Problemas de memoria I


“(…) Yo no me peleo con muertos”

Calé Galaverna

Las imágenes tienen esa poderosa capacidad de transportarnos a vivencias de ayer o de plantear interpretaciones actuales de una problemática concreta. Una foto, un recorte periodístico, un flayer en alguna red social, una película, entre otros. El universo de sensaciones que despierta lo visual nos remite a una determinada narración histórica, o a una interpretación (acertada o no) del presente.

Pero tan saturados estamos de imágenes e información, que ya pocas cosas somos capaces de procesar. Asesinatos pasionales se entremezclan con desalojos campesinos al medio día en la TV del comedor. Poco entendemos de los procesos históricos que nos llevan a uno u otro problema. Poco entendemos de causas y soluciones. Sacamos juicios particulares y aparentes, de una realidad cuya esencia desconocemos. En fin, es ese un obstáculo propio del vivir en un mundo de puras imágenes y cero reflexión.

Aunque algunos dirán que las imágenes tienen por objetivo inexorable, narrar historias. Contar un acontecimiento. Y el acto del narrar, conlleva necesariamente, un doble ejercicio: Primeramente, la narración puede ser entendida como un acto de registro, de anotar, tomar apuntes, recordar. Todo acto narrativo es así, un acto de memoria. Un pacto contra el olvido. Cuando yo narro, yo rescato del fondo del baúl del desconocimiento, un acontecimiento. Ahora bien, el ejercicio de la memoria o del recordar debe tener un fin práctico. Nadie recuerda por recordar. No es un acto que se justifique en sí mismo.

Así también, todo acto de memoria, busca una derivación práctica en el presente mediato o próximo. Y es así que, una vez realizado el ejercicio de memoria, nace el juicio de valor. Así como recordamos, construimos un criterio a través del cual leer nuestras memorias.

Hay como una suerte de imperativo instalado en lo que refiere a la construcción de la memoria en los acontecimientos históricos de nuestro pasado más próximo. Se habla de un pueblo sin memoria, y acto seguido, se hace hincapié en el desconocimiento de las características más resaltantes de nuestro pasado reciente por parte de las generaciones más jóvenes.

Hoy, como cada 3 de febrero, se da un nuevo llamado al ejercicio de la memoria. Pero tanto llamamos y la misma parece no respondernos. Hablamos de la necesidad de recordar, y eso nos remite a una serie de interrogantes ¿qué fracasó en nuestro ejercicio de memoria? ¿Qué nuevas cosas deben ser rescatadas para el recuerdo? ¿Qué estrategias son eficientes para recordar, y qué otras no lo son?

De alguna manera, el stronismo sigue jugando un rol en nuestras vidas, 25 años después de aquel golpe a su líder. Quizás un ensayo de respuesta a la primera pregunta, esté en mi propia vivencia, en el rescate particular de la memoria. El nombre del general estaría presente, como sombra, como simple mención, a lo largo de mi infancia y adolescencia. Versiones contrapuestas de un mismo drama, expresiones aisladas en conversaciones de adultos, alguno que otro texto que pasó entre mis manos. Eso sería el stronismo para mí, hasta los 17 años.  La ficha se me cae hablando con referentes de la oposición y escuchando sus vivencias. No es la educación formal ni la recibida en casa, la que logra ese cambio, cualitativamente importante para mí. Una suerte de momento constitutivo, en donde no solo aprendo el tan valioso ejercicio de plantar postura ante el recuerdo, sino adecuo lo aprendido a una serie de decisiones en mi futuro próximo.

Al comienzo de estas reflexiones, hice una mención al poder de las imágenes. A la capacidad que las mismas tenían de instalar una realidad (o de invisibilidad otras). Hoy, 3 de febrero, a 25 años del golpe, miro las imágenes que de la (mal) llamada “gesta libertadora”, se han generado. Algunas me emocionan, porque ¿cómo no emocionarse con los pedazos de la historia, sobre todo si es reciente? Pero enseguida noto rasgos que generar mi incomodidad. Esa tan criticada apología a la figura de Stroessner, sigue todavía tan presente, incluso para con aquellos que se dicen detractores del rubio. Periódicos, noticieros, flayers en Facebook y demás espacios, me siguen mostrando, 25 años después, el rostro de un Alfredo Stroessner, esperando que yo haga el une con flecha correspondiente. Presumen que el ejercicio de la memoria es mostrar la cara de un tipo (si, uno solo) cada 2 y 3 de febrero, a fin de que la gente deduzca por generación espontánea de conocimiento, que el tipo era super malo y fue el culpable del ejercicio sistemático de impunidad, corrupción y delitos de lesa humanidad. No hay más. En fin. Repito. A mí la ficha sobre el stronismo no se me cayó mirando la cara de Stroessner.

¿Cómo entender, criticar,  combatir, superar el stronismo, si seguimos minimizando tan complejo sistema de dominación, en la figura de su líder? ¿Cuánta responsabilidad omitimos al hacer esto? ¿Cuántos rostros, acciones, personas, grupos corporativos están detrás o incluso adelante, de este hombre, hoy muerto y en vida, impune?

Hay una frase del polémico dirigente colorado, Calé Galaverna, que hasta el día de hoy no se me olvida. La puse al principio del texto. Durante una entrevista en la (entonces) Televisión Pública de Paraguay, en el año 2011, Calé afirmó “no pelearse con muertos”. Sostuvo que en vida, sus acciones se consagraron en enfrentar al régimen de Stroessner, hasta verlo depuesto. Y que una vez fallecido el general, no encontraba sentido en seguir combatiendo su figura, a tal punto de considerar loable el pedido del nieto del general, Alfredo “Goli” Stroessner (quien sería Dominguez Stroessner, y troca el orden de sus apellidos, como una suerte de homenaje y admiración a su abuelo) de trasladar los restos del difunto dictador a tierras paraguayas.

Lejos (muy lejos) estoy de querer hacer una apología a la figura de Calé.  Detrás de su incómoda retórico y de afirmaciones acomodadas (aggiornamieno a estos tiempos de “transición”) con las cuales jamás compartiría (lease, apoyar a Goli y pretender que todo bien con su proyecto de traer los restos de Alfredo Stroessner. a Paraguay), la apuesta de Calé es un guiño al olvido. Pero yo preferiría replantear sus palabras, sacarles algo sustancioso dentro de tanta adaptación “oportuna” a sus intereses de hoy:

¿Qué tanto nos hemos pulseado con los muertos, al punto de olvidar o dejar pasar, a los vivos por el peaje de la impunidad y la desmemoria? ¿De qué tanto nos sirve ensañarnos con una figura protagónica de aquel régimen de miedo e injusticia, si es que la misma no está presente para pagar por lo echo, en tanto que muchos de sus ex colaboradores, si?

Pienso en el rostro de Alfredo Stroessner, repartiéndose en los medios de comunicación. Pienso en lo difícil que resulta para las generaciones de hoy, identificar las acciones que se esconden tras eso rostro. Pienso en lo mucho que nos hemos emperrado en convertir a aquellas facciones en el icono de un régimen, que se valió de muchas más caras, y manos y bolsillos. Pienso en todos los nombres y apellidos de las personas que hoy, caminan por las aceras y veredas de este país, impunes, tranquilas, como buenos beneficiados de aquel régimen, mientras los auto-catalogados como “memoristas” o “críticos”, se siguen peleando con enemigos muertos. A los stronistas de ayer, los vemos en los diarios, en la tele, oímos sus voces en la radio. Hasta a veces sabemos poco de su vinculación con el régimen. Vinculación que existió, que fue real, y que los dotó de poder, a costa de callarse cínicamente o aplaudir, los delitos hoy denunciados. Los señores y señoras de bien, que hasta calientan o calentaron banca en el parlamento o en el Poder Judicial. Los herederos, los que si están vivos. Los vemos en las páginas de sociales, en San Ber o en el Cente… pero no vemos, ni sus rostros, ni sus nombres, ni sus comisuras, en todos estos especiales “de la memoria” tan escuetos y ahuecados, que se lanzan cada dos y tres de febrero en los “medios de comunicación”.


Lo más triste es que muchas veces, los que decimos tener memoria, caemos en el juego. Escupimos a los ya muertos: a los Stroessner, los Montanaro, los Riquelme de la vida… pero eludimos la vista o hasta saludamos a sus sucesores hoy vivos. A veces por ignorancia, a veces por miedo. A veces hasta por cinismo.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Sobre piratería, discursos y CDE

#tarea #encirc13 #clase 4

El artículo no establece una diferencia clara entre piratería y falsificación. Esto podría deberse a una de dos: O el periodista desconoce la diferencia entre ambos conceptos. O bien, justamente busca valerse de la ausencia de debate público en torno a esta temática. Ausencia que desemboca en un desconocimiento de los conceptos, lo cual facilita la instalación de discursos estigmatizadores capaces de instalar la idea de la piratería como algo estrictamente inmoral.

Lo curioso del caso parte no solo del clásico discurso estigmatizador, sino de un ingenuo intento de comparar países tan disimiles en su nivel de producción y consumo de bienes culturales. China con países latinoamericanos, y Paraguay entre ellos, presuponiendo que los niveles de consumo de Paraguay en piratería y/o falsificación podrían equipararse con varios de los gigantes mencionados. Según la nota de ABC Color:

“[…]"Estos mercados no sólo hieren a los trabajadores y negocios en EE.UU., también representan una seria amenaza a los empresarios y la industria alrededor del mundo", advirtió Kirk […]

 ¿Es Paraguay (país pequeño con poquito más de 6 millones de habitantes, 39% de su población en margen de pobreza y 20% en extrema pobreza) un peligro para los mercados mundiales? ¿Es CDE (Ciudad del Este) una célula del cáncer infalible que acabará con la industria cultural? Estas afirmaciones, lejos de sonarme racionales, pueden ser consideradas fácilmente apocalípticas… innecesariamente apocalípticas. Hollywood goza de MUY buena salud, al igual que NIKE, Apple y muchas otras empresas y emprendimientos, a pesar de la piratería y falsificación que podamos encontrar en CDE.

Si bien es cierto que CDE se ha caracterizado por la producción de copias piratas y falsificación de productos, también es cierto que la misma constituye uno de los principales pulmones económicos del país. Entonces, a la hora de “buscar culpables” a la problemática (para los que quieren verla como problemática) de la piratería y/o la falsificación, ¿sobre quién deben recaer los castigos? ¿sobre los comerciantes? ¿sobre los compradores? ¿sobre las políticas complacientes de instancias del estado que hacen la vista gorda a los grandes productores del negocio? ¿Quiénes tienen “más culpa que otros”? ¿cuál es la alternativa para CDE, una ciudad eminentemente comercial y que ha sabido moverse a partir de estos rubros?

Eso por un lado. Y por el otro…

No simpatizo con la idea de considerar a la piratería un crimen. Y no lo hago, simplemente porque considero que en muchos casos (no en todos, pero si en numerosas ocasiones) la piratería ha sido una forma de justicia con los consumidores que no pueden pagar por un bien que desean y merecen consumir. Tal como lo señala Gemetto, “La piratería es hoy, en la mayor parte del mundo, la forma más extendida de acceso a la cultura y el entretenimiento”.

Muchas veces, el discurso estigmatizador contra la piratería se ha solventado en la ausencia de información para los consumidores, como en el caso de algunas producciones nacionales (como son las películas o la industria de la música). Supongamos que el estado financia la producción de una película o la grabación de un disco de músicos reconocidos (financiamiento que se realiza con dinero público aportado de forma directa o indirecta por todos los ciudadanos). De momento en que cibernautas realizan una simple descarga del material señalado tiempo depsués, el discurso estigmatizador empieza a hablar de “alta traición a la patria” y “falta de apoyo a lo nacional”. No estamos hablando de la venta ni distribución de este producto, sino de la simple descarga con la intención de disfrutar de un bien cultural (el cual, repito, se financió de forma parcial o total con dinero público).  En casos como estos ¿puede el consumidor hacer su reclamo, a partir de la premisa de que “lo público es de todos”, o basarse en la lógica de “si yo pagué de forma indirecta por esto a través de mis impuestos me corresponde? ¿por qué en casos como estos, normalmente 
no se informa al consumidor sobre las fuentes de financiamiento de la película?


Son algunas preguntas al aire, con relación a este tema, tan necesario de ser debatido.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Hitler, Recanate, Franco y los remix



Semana 2
#Tarea #seminario #tedic #remix

No es mi remix favorito, pero me parece digno de mencionar:

Una de las escenas más críticas de la película “La caída” de  Oliver Hirschbiegel, en donde se ve a un Adolfo Hitler acorralado por las fuerzas de los aliados, encerrado en su bunker, en compañía de su gente de confianza y a la espera de dar con la solución a su crítica situación. Una escena más que memorable para los amantes de las películas históricas. El actor Bruno Ganz, encara a un Hitler abatido por múltiples y contradictorias emocionales. Es, sin duda, una actuación memorable.

Son innumerables los remixes que de esta escena se hicieron, a modo de parodia, alrededor del mundo y que circularon y siguen circulando hoy en la web. Los editores paraguayos no marcaron excepción, y sumaron su creatividad al doblaje del guión, logrando dar un contexto totalmente distinto, a las imágenes y escenas planteadas en la mencionada película.

El humor como forma de crítica, el humor que divierte, pero que a su vez, se expresa. Dice lo que normalmente uno no se anima del todo a decir, tal vez por miedo a no ser “políticamente correcto” o por miedo a la propia censura y consecuencias posteriores. El humor que confronta. Son estas las características claras y visibles de los principales remixes que de esta escena se han hecho, en distintos países y por ende, en distintos contextos históricos. Quisiera citar, a modo de ejemplo, dos casos que considero ilustrativos  para mis reflexiones, dados en el contexto paraguayo:
1.      
En lo que atañe al infaltable conjunto de rivalidades entre clubes locales en el ámbito del futbol. El caso de los videos en youtube del “Hitler Cerrista” o el “Hitler Olimpista”, uno podrá observar que el guión de nuestro Adolf Hitler estará supeditado a las preferencias deportivas del editor. A la hora de comparar ambos casos, existe una particularidad para con el Hitler Olimpista. Este último, a diferencia de su par, encara en muchos casos la figura de una persona concreta: la del dirigente deportivo olimpista Marcelo Recanate. Polémico, propenso a ofender con insultos constantes, desvergonzado en todas y cada una de sus afirmaciones. Su caso inspira un nuevo guión al Hitler de Oliver Hirschbiegel. De este modo, nuestro Hitler, anteriormente histérico por el avance de los aliados, será ahora un Hitler histérico por la victoria del club Cerro Porteño, estableciéndose así un paralelismo intencional entre la histeria del fuhrer y la de Recanate.

2.       El segundo caso hace referencia al intento de marcar un paralelismo entre Hitler y la figura del ex presidente de la República del Paraguay, Federico Franco, el cual asume la investidura presidencial luego del polémico juicio político efectuado al anterior presidente, Fernando Lugo (22 de junio de 2012). Los múltiples elementos que hacen a un juicio polémico y controversial, sumando a esto las declaraciones y acciones de Franco una vez asumido el gobierno (caracterizados por un notable corte de prepotencia en unos casos o por inexplicables delirios de grandeza y falta de raciocinio en otros), fueron tomados por opositores a su figura, para hacer un nuevo remix del Hitler. Se usa de este modo, la imagen de Hitler para simbolizar el autoritarismo en la figura de Franco, para mofarse de él, y hasta para hacer contrapeso a los discursos de una prensa complaciente con el mismo, prensa que (a partir de una lectura crítica del guión mencionado) responde a los intereses de grupos de poder económico y político, bien identificados en las líneas del remix. El guión del mencionado remix también busca mofarse de otras figuras políticas, cercanas al recién nombrado presidente, como así también, hacer una crítica puntual al funcionamiento de la institución del Congreso de la nación paraguaya.

En ambos casos, el humor es el elemento de fondo que justifica la creación de nuevas versiones de una obra. El lineamiento que va desde el humor inocente a la crítica de temas controversiales, que busca expresar una opinión o hasta valerse de lo satírico para plantear discursos alternativos al hegemónico.

No son piezas de valor estético, definitivamente. No buscan marcar tendencias artísticas, claro está. Pero hay algo de ingenioso o de cierto valor creativo en estas sátiras, creo yo: El valor de “elegir un objeto y ponerlo en otro contexto”, en palabras de Duchamp. Esto constituye sin dudas un trabajo creativo, y logra un tráfico de significados que adquiere un valor en la esfera de lo social. 

martes, 10 de septiembre de 2013

Sobre democratización de la información y nuevos enciclopedismos

OBS: Un pequeño ejercicio, producto del seminario on line "Arte y cultura en circulación. Crear y compartir en tiempos digitales", organizado por el TEDIC.
Lease en chiste del ejercicio: a. elegir noticia, b. reflexión sobre la misma

Sinopsis de la noticia seleccionada:
En Alemania, un grupo de profesores pertenecientes a distintas escuelas secundarias de Berlín, desarrolla un libro escolar colectivo on line de acceso gratuito. Los maestros se valen del mismo para el intercambio de materiales de clases, y logran enriquecer sus programas de estudio a partir de la lectura y el intercambio de sus propuestas, con la de los demás colegas. De este modo, se logra que cada clase disponga de una diversidad de materiales y propuestas pedagógicas, situación que facilita el aprendizaje de los alumnos.
La iniciativa, nace de la insatisfacción de un profesor de biología y un informático con los programas escolares oficiales de su institución educativa.

A partir de los primeros resultados, el grupo de docentes que trabaja con la plataforma (denominada O-MAT), señala que la misma ha sido inspirada en la experiencia de Wikipedia, pero que a la vez, el grupo de docentes-administradores de O-MAT plantea sustituir a Wikipedia a posteriori: "A menudo nos encontramos con que los alumnos e incluso nosotros, los profesores, acudimos a Wikipedia en busca de material para ampliar temas o para estructurar el contenido en formatos más accesibles para los chicos. Pero Wikipedia no es una fuente suficientemente fiable porque cualquiera puede aportar lo que le parezca, sin supervisión alguna. La diferencia es que en O-MAT todo el material ha sido aportado por profesores, que no somos infalibles pero que ofrecemos algo más de credibilidad, de modo que es material más fiable",  sostiene Heiko Przyhodnik, uno de los impulsores de la iniciativa.

El artículo rescata, principalmente, la preocupación del equipo de docentes por la supervisión de los conocimientos creados en estas plataformas de libre acceso, junto con los problemas que se dan a parir de que más usuarios ingresan a la plataforma, y eso dificulta la verificación integra de cada uno de los documentos generados.




Reflexión:

En sus orígenes, el enciclopedismo fue un movimiento intelectual-pedagógico que tenía por objeto principal, lograr la aglomeración de saberes en un resultado material concreto: La enciclopedia. Esta última, se planteaba como resultado final del ejercicio de análisis y procesamiento de múltiples conocimientos acumulados por siglos de historia. La intención final y/o principal de este ejercicio intelectual, era el de la divulgación científica.

Sus orígenes se remontan al siglo XVIII. De la enciclopedia se encargaron, desde sus principios, los enciclopedistas. La formación especializada y la acumulación sistemática de conocimientos y capital intelectual de estos hacedores, dan cuenta del enciclopedismo como una labor elitista, desde el vamos. Y es que “hacer enciclopedia” era una labor de mucha rigurosidad, labor que sólo podría ser concretada (así como fue concebida) por las elites intelectuales y el establishment académico de los centros del saber de la vieja Europa.

El “hacer enciclopédico” fue cambiando, puesto que las propias condiciones de la humanidad que gestó esta práctica, cambió. Revoluciones y reformas en campos tan complejos como el económico, político, social, legal, ideológico, ético, tecnológico, fueron reconfigurando conceptos que nos parecían atemporales y unívocos. Los conceptos se modificaron porque las prácticas mismas se modificaron. Y la construcción del conocimiento no escapó a esta ola de cambios.

El avance de las nuevas tecnologías, es de forma simultánea, causa y consecuencia de la deconstrucción del ejercicio de la construcción del conocimiento. Uno de los productos concretos de esta deconstrucción de la arquitectura que diseña los saberes, son las enciclopedias virtuales, de libre acceso para consulta y producción al público interesado. Y cuando pienso en esta definición (producción libre, acceso libre), inevitablemente una palabra se me viene a la mente: wikipedia.

En Wikipedia, todos somos enciclopedistas potenciales. Mis padres, tus padres, nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros vecinos, amigos y enemigos. Toda persona capaz de acceder a un ordenador y conocer el manejo básico del mismo. Podemos, no solo acceder, sino crear información y compartirla. El ejercicio de la construcción de saberes y la puesta en circulación de los mismos, el enciclopedismo de los enciclopedistas, pasa a ser una práctica de nuestra vida cotidiana, más allá de que contemos o no con los cánones consagrados en la academia de hoy.

Sobre el punto discutido en el artículo que fue de mi elección, acerca de la fiabilidad de estas plataformas virtuales de creación de conocimiento compartido para consultas académicas, pongo a pie las siguientes consideraciones:
1.   
1.     Creo que para hablar sobre algo, cuanto menos, debemos tener conocimiento de causa. No soy una detractora de la academia, y hasta he ingresado en el anquilosado juego de jerarquías que esta construye, con cada postgrado que aparece. Considero que la incorporación y creación de nuevos conocimientos, implica una labor de formación rigurosa y sistemática para quienes estén interesados en producir saberes nuevos. Para escribir sobre algo, debemos investigar a ese algo, estudiarlo, conocerlo. De lo contrario, nuestras palabras no se justificarían, o hasta serían impertinentes.
2
.        Ahora bien, lo interesante en la creación y consolidación de todas estas plataformas virtuales, parte del echo en que la construcción del conocimiento se democratiza a través de las mismas. Quizás yo no sea una magister en ciencias sociales, o no cuente con un doctorado en Sociología, pero cuanto menos cuento con experiencia en investigación en el mencionado campo, y cuento con las herramientas necesarias para iniciar un abordaje, línea de investigación, reflexiones preliminares, etc, a un objeto de estudio de mi interés. No seré una “enciclopedista” con todas las letras. Pero algo sé y ese conocimiento me permitiría empezar a producir otros conocimientos (Diderot, padre del Enciclopedismo, no se hizo en un día). Así también, existen personas que, sin pertenecer al sistema de jerarquías de una universidad, cuentan con un caudal de conocimiento y de trabajo en áreas de reflexión. (la universidad, ¿es garantía última y única de aprendizaje?)

3.       Mediante estas plataformas virtuales, uno no solo es creador o divulgador de información, sino también (o principalmente) es crítico a lo que lee. Justamente, la naturaleza “abierta” de estos canales de información,  desarrolla en nosotros mismos el ejercicio de la crítica constante a la información que estamos leyendo. Si anteriormente, el enciclopedista era una figura incuestionable (una suerte de intocable, cuyas declaraciones tenían carácter de dogma de fe), hoy en día, los lectores de estas plataformas nos vemos en la exigencia inexorable de verificar las afirmaciones de estas plataformas, y hasta contrastarlas con las nuestras. Esto genera una dinámica de mayor búsqueda de información, y por ende, mayor adquisición de conocimientos.
4
.       Muchas veces, la situación descripta en el punto 3, obliga a los potenciales “enciclopedistas” cibernético, a una mayor rigurosidad en la redacción de sus producciones, generándose así un “mayor compromiso” con la creación de saberes. Generamos así, dinámicas que tornen creíble nuestro trabajo (mayor empeño en el entramado de citas y fuentes, por ejemplo)


La democratización del conocimiento, no solo implica el acceso a saberes. También implica generar posibilidades reales y concretas de que más personas puedan contar con canales para la producción  y discusión de los mismos. Hay, en todos nosotros, un potencial autor o enciclopedista. Y así también, existe o debería generarse, un lector crítico, curioso, cuestionador y hasta fiscalizador de toda forma de información que va a parar a sus manos.

miércoles, 12 de junio de 2013

Desde el banco de suplentes. A propósito del 12 de junio, los estudiantes que desfilan y la construcción de la historia oficial

OBS: Previamente a la lectura, favor revisar este video: http://www.abc.com.py/abc-tv/locales/estudiantes-desfilan-pero-no-saben-que-se-conmemora-el-12-de-junio-582751.html


A Anahi Soto[1] y Belén Cantero[2]

El hecho de que las generaciones de hoy desconozcan numerosos aspectos que hacen a la historia de nuestro país pasa, entre muchas cosas, por el no sentirse parte de la misma. Es difícil sentirse parte de esa historia contada en los libros oficiales, escrita por historiadores que anteponen pomposos discursos sobre heroicos y pseudo estoicos hombres (nunca mujeres) sin defectos, siempre valientes, siempre formidos, siempre ellos y solo ellos. Los héroes de la patria yacen en el pedestal de lo incuestionable y acceden al tiquet de la inmortalidad en los libros, mientras los cientos de entes desconocidos forman (o formamos) fila para ir a otro barco, el barco de los olvidados. Es difícil recordar y hasta honrar la historia, cuando esta nos resulta una cosa tan lejana e impalpable.

Podremos argumentar (y me parece super válido y hasta apoyo la moción) aspectos tales como la falta de educación, la ausencia de una historia critica que replantee viejos discursos, la falta de análisis dentro de las clases de historia. Podríamos pasar días enteros dándole la vuelta a los programas de estudio en historia, y todo ese ejercicio sería muy provechoso. Pero la cuestión de fondo, creo yo, pasa por comprender que esa construcción conservadora, chauvinista e individualista de la historia a la que estamos acostumbrados, no es resultado del caos accidental ni del azar, sino que por el contrario, responde a patrones culturales planificados desde discursos oficiales (es decir, discursos construidos e impuestos desde instancias de poder).

¿A qué me refiero con una lectura individualista de la historia? Dentro del ejercicio de comprensión de los acontecimientos del pasado, siempre se ha tendido a considerar, tanto explicita como implícitamente (en las lecturas oficiales) que la historia la escriben, únicamente los grandes hombres. Aquellos “elegidos” que con su mero accionar mueven los hilos y engranajes de la realidad toda y absoluta. De este modo, la historia no la escribirían los pueblos (por dar una denominación), los sectores organizados de la sociedad, las personas comunes, no. La independencia es (sólo) a los próceres, como la Guerra del Chaco es a Estigarribia. El stronismo es a Stroessner, como el golpe es a los “Carlos”. Así también, los logros y las culpas siempre son individuales, no colectivas, y eso sólo nos lleva a una visión estrecha de la historia, en donde el balance estructural de una sociedad con sus continuidades y rupturas se parece más al juzgamiento de actas en un juicio ordinario, en donde se debe identificar a “el fulano” culpable o inocente, sin concebir la idea de rostros anónimos que empujaron los hilos de una historia de alegrías o tragedias, detrás de los titulares de turno en el equipo de la historia. Tal vez por eso no podemos agradecer a nuestros veteranos de la última guerra internacional el haberse jugado la vida por defender territorio nacional o juzgar a varios participantes directos de aquel régimen autoritario que lleva el nombre de su líder, pero que compartió la responsabilidad protagónica de los delitos de lesa humanidad y actos de corrupción con muchas personas más.

Pero no es este el único problema criticable. Otro problema refiere a la construcción (¿o destrucción?) de la historia a partir de la relativización de lo cercano y lo lejano a nuestra realidad material más próxima. ¿A qué me refiero con esto? A ese ejercicio tantas veces calculado y repetido de construir aspectos lejanos de la historia como algo cercano, y aspectos cercanos como algo, directamente inexistente. La Guerra Grande será lo lejano en la historia, pero el discurso oficial busca plantearlo como algo mediático, próximo, actual; en tanto que se desentiende de las cuestiones verdaderamente puntuales, cercanas, concretas, como la problemática sobre la tenencia de la tierra, crisis que se desencadena (no solo) como producto inmediato de esa Guerra Grande y muchos otros conflictos socio-políticos posteriores, a la que resucitan todos los días a costa de incentivar la xenofobia y el chauvinismo trasnochado de un nacionalismo sin ideas nuevas, enmarañado en la telaraña de una añejada historia de resentimientos (y construida ideológicamente para un fin determinado). Aunque así también, a costa de crear una cortina de humo (o de acero) tras la cual esconder las cifras de la desigualdad, del despojo, de la impunidad. De las cátedras de historia reciente, nos enseñaron a odiar a nuestros vecinos más próximos.Y no nos enseñaron a entender o siquiera cuestionar el inicio de esa acumulación originaria, de ese modelo que desde mucho tiempo atrás y hasta ahora se sigue practicando, de la tenencia de la tierra en pocas manos, manos que tienen dueños y dueños con nombres, nombres que curiosamente coinciden con la lista VIP de los “por siempre recordados de la historia”.

Cómo recordar entonces,  a nuestros ex combatientes vivos? Si ellos solo fueron y serán soldados rasos para nuestra historia oficial? Cómo recordar a nuestras enfermeras? Si la historia paraguaya solo recuerda a los hombres. Cómo recordar a los mortales de carne y hueso, si la historia quiere inmortalizar y divinizar a unos pocos. Es cierto que existieron grandes figuras hijas de su tiempo, pero la historia no la escribieron ellas solas.

Es fácil culpar a los otros, a los más jóvenes, cuando que la construcción y divulgación de la historia oficial, la hegemónica, la producida y reproducida en las escuelas, colegios, universidades, centros educativos, con programas viejos y mediante los medios de “comunicación”, olvida a las personas y se acuerda de los personajes (los construidos, los mitad mito, mitad persona). Es más fácil aún exigirles que gua u “recuerden” (¿o reciten?) una historia única e incuestionable, cuando que en realidad ellos no son recordados. Y es todavía más fácil culparlos, toda vez que desde estas instancias, no solo se les arrebata su historia, sino también se trunca su presente… cada vez que ellos deciden abandonar la quietud, romper el silencio y salir a escribir esa otra historia, pocas veces contada en los libros.


[1] Una vez, durante una conversación casual, una joven estudiante de historia dijo que sería buena idea sacar fascículos sobre historia social en donde se cuente esa historia pocas vece contada: la de los grupos, organizaciones y colectivos de nuestro país. Según su razonamiento, la gente se sentiría “parte de la historia” al ver que gente común también es tomada en cuenta en los libros sobre el pasado. Así, el ejercicio de hacer y leer historia se volvería algo cercano para todxs. A eso, va esta reflexión
[2] Más de una vez, una joven estudiante de historia propuso a su entonces jefe, escribir la historia de las mujeres productoras de algodón, dentro de un compendio sobre historia de la industria en el Paraguay, o contar la historia de las primeras mujeres que se organizaron en sindicatos, porque ellas “también eran historia”. A eso, también va esta reflexión.

martes, 19 de marzo de 2013

¿Bienaventuranzas?


Felices los que tengan hambre y sed de justicia, porque serán saciados
(Mt. 5, 6)



Son muchos los sentimientos de contradicción que me embargan cuando escribo estas líneas. Partiendo de mi ateísmo confeso, no entiendo como uno puede pronunciar estos versos sin sentir impotencia o sentirse engañado. Por otro lado, el más crudo de los exceptisismos o hasta de las resignaciones me obliga a bajar la cabeza. Si el infortunio se enamoró del Paraguay, hablamos de una relación monógama y mezquina. Y es que en el infortunio absoluto, no hay espacio para esperanzas duraderas.

Son muchas las personas que hoy tienen hambre y sed, de justicia, de respuestas, de alimentos sólidos o líquidos también. Son varios los presos (conocidos, lease de los que tenemos noticia) en nuestras cárceles que tienen hambre de justicia. Son pocas las barrigas y las bocas saciadas con los goces y regalías de la impunidad. Extremos opuestos, puestos al extremo de una misma realidad.

Son pocas pero potentes, las voces de los medios que construyen una verdad (si, una sola) a su medida. Son muchas las cabezas que ruedan como resultante de este ejercicio (algunas se desangran y ruedan literalmente en el piso, otras acaban carcomidas por los discursos de las editoriales).

En tanto que se ha vuelto “de público conocimiento” (que expresión tan maldita) la labor arbitraria de la justicia y su abuso desmedido del poder. No obstante aún quedan espacios (y vaya que muchos!) dentro de los discursos y las personas para reivindicar las instancias judiciales como respetables, o al menos, sino respetables, incuestionables. Es decir, la ausencia de la respetabilidad no es garantía para ingresar cuestionamiento alguno a lo canonizado por el pensamiento dominante como intocable. Más aún si la gente piensa en las instituciones como algo “intrínsecamente bueno” o hasta en las leyes y las constituciones como algo “intrínsecamente bueno”. Olvidan así a las personas que ocupan las sillas de estas grandes decisiones, y escriben con letra torcida, las reglas del  juego para conservar sus intereses. “Para que se meten, si está “la justicia y las instituciones”, recita el cínico, y anota un punto menos para la humanidad.



Felices no están los presos de Curuguaty que tiene hambre y sed de muchas cosas, pero principalmente de justicia. Felices no están los campesinos cuya existencia es todos los días criminalizada por la Fiscalía y los discursos tergiversadores.Felices no están los familiares de los policías muertos en un operativo que decia ser de allanamiento, era desalojo y acabó en tragedia. Feliz estuvo, sin embargo, el ex dirigente colorado que se mofó de la imperfecta (o mejor dicho inexistente?) justicia cuantas veces pudo. Felices están los de su séquito  Feliz está todo aquel que tiñe de silencio la insistente pregunta de ¿qué pasó en Curuguaty? Feliz está el gobierno de turno, que culpa a los campesinos de la masacre, y a la par, cree que puede sobornarlos con dinero (indemnizaciones). Feliz está la elite hipócrita que ahora pide votos y después no duda dos veces en criminalizar a los que teme, y los teme, porque sabe que no podrá contenerlos por siempre. Los otros no estamos felices.

No se puede ser nunca feliz, si la justicia no llega. 

martes, 5 de marzo de 2013

A propósito de la muerte de Chávez y las manzanas que se caen


Murió Chávez, murió Oviedo, se declara juicio político a Lugo, ¿qué pasa en Curuguaty?… y la sarta de fantasmas escondidos en la caja de Pandora de la sociedad paraguaya no duda en dispararse. Los que se jactan de una pseudo neutralidad, caen en la trampa y la contradicción de un discurso inmovilista, que en realidad busca consagrar su postura como la única normal, la única racional, coherente y hasta “natural”.
El que se pronuncia “respecto a”, es el fanático, el ideologizado. El que ningunea y evita posturas frontales, es el objetivo, el que ve “lo bueno y lo malo de”. Nada más alejado de la verdad.  Y sólo la muerte de referentes o las situaciones políticas extremas tumban los espejismos de analistas que se jactan de impolutos y vírgenes de ideología, pero que a la hora de la verdad, cuando se les toca su fibra más sensible, despliegan su artillería ideológica al dos por tres.

Los que no tememos a la palabra ideología, o al menos intentamos aceptar que si tenemos postura, sonreímos complacientes. Las máscaras y los discursos se caen, como la manzana en la cabeza de Newton, cuando la coyuntura fuerza al individuo común a tomar postura por algo y contra algo.

Lo “natural” pierde su carácter incuestionable y entra a disputar, de hecho, se ve bajo amenaza.

Los periodistas intocables, montados sobre las estructuras todopoderosas que son los medios modernos de comunicación, se rasgan las vestiduras, al ver amenazados sus intereses y/o el de sus empresas de la información (verdadera identidad de los mal llamados medios). Aterrados, no les queda otra que defender su puchero a capa y espada, extender sus ideas y canonizar a las mismas como verdad absoluta. Un micrófono, un teclado o una cámara pasan así a ser el medio que extiende el mensaje. La verdad se oye así en las radios, se ve en la tele o se lee en los periódicos. Y es incuestionable. Es incuestionable porque es “objetiva” y por ende, “neutral”. Es neutral porque los periodistas “son siempre gente desapasionada que oye todas las campanas del problema”.

Los profesores intocables enseñan su verdad a través de libros de texto y ensayos de autores”objetivos”. Los alumnos que discuten, serán siempre los ideologizados, los que “deben informarse más”, “los mediocres”, los fanáticos. Los profesores son objetivos porque son académicos, intelectuales. Y los intelectuales, por ser intelectuales, son siempre neutrales”.

El que discute de política en el almuerzo familiar e irrumpe en el “consenso tácito de la familia”, será el “fundamentalista” (como me encanta este adjetivo calificativo, que busca y logra descalificar). El que tome postura todo el tiempo, será siempre un problema.

¿A partir de qué momento las palabras “objetividad” y “neutralidad” pasaron a ser sinónimos, y/o a describir situaciones de extrema hipocresía?

Y estos discursos, bien dirigidos, bien intencionados, nos invaden todos los días. Nos acostumbramos a ellos. Convivimos, como a una suerte de concubinato estándar. Hasta que algo pasa y la calma se vuelve tormenta. Y súbitamente, hasta el más taciturno se politiza.

Hoy, la muerte de Chávez le hizo hablar a muchos (en otros tiempos, el panorama internacional no daba tanto de que hablar). Le hizo hablar a esos que normalmente guardan silencio, capaz por respeto, capaz por miedo, capaz por fingir que nunca tienen postura, los que son ingenuamente  inocentes o perversamente inocentes. Mostraron así su lado político, lado al que temen o buscan rehuir. Así también la muerte de Oveido, así también el golpe (si, para mí el 22 de junio fue un golpe, y de eso alguna vez hablaré en otro artículo y otras líneas), así también la masacre de Curuguaty y la asquerosa parcialidad de la justicia paraguaya… y tantas otras cosas y casos que evidenciaron (y lo seguirán haciendo) la división de una sociedad que todavía cree en el mito de una unidad compacta en sus desigualdades extremas y en un aislamiento de la situación internacional, el cual por suerte ya no existe. Todos alguna vez hablamos. Y alguna vez confrontamos.

La  gua´u neutralidad caerá siempre por su propio peso. Cómo las manzanas de Newton.